Resulta que el "maharashi" ahora cree que me gusta. Y es que acabo de darle un beso apasionado en la boca porque no me cabía otra opción.
Vino anoche a convidarme a un evento que ofrecerá a sus seguidores en la sala del edificio dispuesta. Es la segunda vez que toca a mi puerta, la primera fue por azúcar, hace más de un mes. Lo hice entrar y esta vez sentarse en el sillón, de espaldas al espejo. Me empezó a explicar del asunto al tiempo que sacaba del banano que siempre lleva atado a la cintura un folleto-invitación. El espejo reflejaba mi apacible cara y la nuca de Khalsa envuelta en el turbante blanco y sólo por ser amable le formulé algunas preguntas que parecieron inyectarlo del entusiasmo que hizo destellar sus ojos y su lengua batir incesante. Mi reflejo se fue.
Hemos estado cruzándonos... ¡por favor!, en las escaleras recepción paradero parque almacén, y saludándonos sin demasiados aspavientos.
Mi imagen regresa al espejo, desnuda. Me levanto del sillón con brío y lo interrumpo para ofrecerle un café un juguito un té un copete lo que sea mientras mi frente empieza a perlarse de un sudor frío. Antes de partir a la cocina estratégicamente le paso una revista cosa de atrapar su atención, cosa que no gire la cabeza y vea en el espejo... No tardo cinco minutos y ya el maharashi se había quitado toda la ropa –bueno, menos el turbante- y nos acariciábamos impúdicamente. Hace algún comentario sin importancia acerca de un antiguo personaje en la revista a la vez de recibirme la taza, y retorna al tema. En eso, comienzo a devorármelo, lentamente, por el sexo; la cabeza la mueve de placer de un lado a otro y ahora sí me inquieto de veras y tartamudeando le ofrezco más azúcar u otro café y parto de nuevo a la cocina a poner agua a hervir.
En no más de dos minutos, me lo había comido casi entero; la sangre me discurría por la boca hacia el cuello pechos guata piernas pies y Khalsa agonizaba y su cabeza -con el turbante teñido de rojo- colgaba espejo afuera diría casi a punto de tocar el sillón. De pronto comenta que le gusta la decoración "minimalista" de mi departamento, escrutando, amenazante, como queriendo girar la cabeza para otearlo todo. Es aquí entonces que me arrojo sobre él y lo beso en la boca con desesperación.
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