
El Gurú vecino se está preparando para el Gran día Gran: 21 del 12 del 2012. Se está aperando hasta la tusa con alimentos no perecibles que oculta en algún lugar secreto, supongo, del gran Santiago gran. Lo visualizo como a un perro escondiendo sus huesos. Lo sorprendí la otra madrugada arrastrando apenas, como un asesino en serie sacos henchidos repletos de tarros de jurel, de tomates, palmitos, duraznos, garbanzos, porotos, arvejas, sopas de sobre; de agua y más agua, bidones de agua Benedictino... Por un momento pensé que se trataba de un psicópata arrastrando al muertito; sí, pero no. En seguida, como si él mismo supiera lo que daba a entender se detuvo y abrió la bolsa y extrajo una lata, que mostró así como si nada diciendo que El tiempo está pasando cada vez más deprisa y que el veintiuno de diciembre del dos mil doce nos está casi pisando los talones, y me guiñó un ojo, así como si fuera algo de lo más normal. Mi impresión fue tal que me dio para al menos venir a escribirlo. Esto de ver a un cristiano tomándose tan en serio lo del 2012 me alarmó de veras.
Ven, déjalo todo y sígueme, hermana, dijo al final, lo que se oyó en un eco tras sus espaldas. Y sí, creo que lo voy a seguir, total no pierdo mucho, no es que no pierda nada, no, yo no digo eso...
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